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<title>Comunidad Revistas</title>
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<description>Artículos que han sido publicados por investigadores de la UAEM tanto en revistas de investigación como en revistas de divulgación, sean éstas de la UAEM o de otras instituciones nacionales o extranjeras.</description>
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<title>La quimera bilingüe</title>
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<description>La quimera bilingüe
MICHELLE DENISE OLVERA HERNÁNDEZ
Cuando pienso en cómo aprendí mi segunda lengua, esa voz ajena y extranjera que también nace de mí, inevitablemente vuelvo a Irene, mi amiga de la infancia. Conocí a Irene un verano en que mi madre y yo fuimos de visita a la casa de mi tía Ana en Laredo. Su familia también era mexicana, pero ella nunca había vivido en México y, a diferencia de mí, había aprendido tanto español como inglés desde pequeña. Recuerdo que nos hicimos amigas casi de inmediato. Juntas pasábamos las tardes molestando a los caracoles que se amontonaban en la entrada de su casa, buscando rocas con formas extrañas y trepando los pocos árboles que sobrevivían al calor extremo de julio.&#13;
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Aunque éramos inseparables, existía, sin embargo, una pequeña diferencia entre nosotras: Irene era mayor que yo y, como suele ocurrir en la infancia, la ventaja de la edad la convertía en una tirana de los juegos y, sobre todo, de las palabras. Cuando se molestaba conmigo comenzaba a hablar en inglés con los demás niños de la cuadra, una lengua secreta e inalcanzable todavía para mí. Y yo, llena de rabia y vergüenza, le decía que sí entendía lo que decía, mientras trataba de imitar sin mucho éxito las sonidos que salían de su boca.
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<title>Cazadoras, cuidadoras y creadoras: el lado B de la prehistoria</title>
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<description>Cazadoras, cuidadoras y creadoras: el lado B de la prehistoria
DIANA ARMIDA PLATAS NERI; Luis Alberto Arau Ruiz
¿Apenas iniciaba mi recorrido en el Museo Nacional de Antropología, un domingo de vacaciones: el motivo perfecto para estos tumultos. Me refugié en una de mis salas favoritas, “Introducción a la Antropología y al poblamiento de América”, convencido de que ahí estaría más tranquilo… ¡pero no! En cuanto entré, apareció un grupo de niños llenos de energía, al parecer de un curso de verano&#13;
De repente, una niña le preguntó a quien yo supuse era la maestra:&#13;
—¿Por qué no lleva una lanza, como en las caricaturas?&#13;
La maestra respondió sin titubear:&#13;
—Porque es mujer; sólo los hombres cazaban.
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<title>La divulgación científica: una madriguera hacia el país de las maravillas</title>
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<description>La divulgación científica: una madriguera hacia el país de las maravillas
Yvette Magaly Gómez Gómez; DIANA ARMIDA PLATAS NERI
En su famosa novela Alicia en el país de las maravillas, el escritor Lewis Carroll (1832 – 1898) retrató a una niña que destaca por su curiosidad y capacidad de asombro al adentrarse en un mundo insólito para conocer todo lo que ahí habita. Además de ser escritor, Carroll era científico, por lo que en cierto modo compartía el ímpetu y el espíritu de búsqueda con la protagonista de su historia. En realidad, todos los humanos compartimos estas cualidades. Gracias a ello hemos podido atravesar juntos la madriguera hacia ese otro país de las maravillas que es la ciencia, a través de la divulgación, para solucionar diversos problemas y entender el mundo que nos rodea desde una perspectiva critica, analítica y por supuesto interesante.
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<title>Tras las huellas del oso cavernario</title>
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<description>Tras las huellas del oso cavernario
Luis Alberto Arau Ruiz
Hace aproximadamente diez años que comencé a practicar senderismo. Descubrí que el acto de caminar –contemplativamente– por los senderos del bosque, me permite liberar el estrés que suele provocar el ajetreo y la ruidosa vida en la ciudad, además de que siempre es bueno para la salud conectar con la naturaleza y dejarse envolver por esa magia. &#13;
En el camino nos cruzamos con un cortejo fúnebre que se dirigía al panteón; hasta adelante iban los nietos más jóvenes y fuertes cargando el ataúd del abuelo que acababa de fallecer; detrás de ellos les seguía el resto de la familia, amistades, conocidos e incluso una banda de músicos que tocaba con pesar y alegría al mismo tiempo. &#13;
Al tiempo que dejamos atrás la periferia del pueblo y entramos en el bosque, mis pulmones se limpiaban y respiraba más pausado. Gracias al aire fresco de aquellos senderos, experimentaba una paz sublime. Cuando logramos atravesar un buen tramo en el que encontramos árboles de amate, nos detuvimos para descansar y refrescarnos.&#13;
–¡Miren todos, allá arriba! –escuché exclamar a una amiga–. ¿Quién habrá pintado eso de ahí? –preguntó con sorpresa, mientras la mirábamos señalar hacia una de las paredes del cerro que nos rodeaba, aproximadamente a unos seis metros de altura del suelo
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