| dc.description | Las cataratas puede definirse como la pérdida de transparencia del cristalino y representa un
problema de discapacidad visual a nivel mundial, afectando a más de 94 millones de personas
según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023). Esta condición constituye una de las
principales causas de ceguera en el mundo, con una mayor prevalencia en poblaciones
pertenecientes a niveles socioeconómicos más bajos y países en desarrollo (Pascolini & Mariotti
2012). El padecimiento en México afecta a 760 mil personas y se estima que cada año se suman
47 600 nuevos casos según cifras de la Secretaría de Salud de México.
Si bien, las cataratas son tratable mediante la extracción quirúrgica de la lente y la implantación
de una prótesis intraocular, este procedimiento conlleva costos significativos y puede resultar
inaccesible en naciones con bajos ingresos (Lam et al., 2015). Debido a que los daños en las
proteínas del cristalino se acumulan progresivamente, las cataratas se consideran una condición
degenerativa, siendo las relacionadas con la edad las más frecuentes. Sin embargo, también
existen cataratas juveniles de origen genético vinculadas a mutaciones específicas en las
proteínas del cristalino. Estas alteraciones comprometen la estabilidad proteica, promoviendo la
desnaturalización y agregación a edades tempranas (Karri et al., 2013; Pande et al.,2001; Pande
et al., 2015; Vendra et al., 2016). Sumado a los factores genéticos, existen otros que pueden
provocar cataratas, están las enfermedades sistémicas como la diabetes mellitus, la exposición
a radiación ultravioleta (UV) y la presencia de metales (Javitt & Taylor, 1995; Truscott, 2005;
Micun et al., 2022). | |